Nació en Milán el 22 de octubre de 1831, su padre fue Carlos Aurelio y su madre Giuseppina Muzio. Pompeo Moneta fue un ingeniero de profundas convicciones republicanas y mazzinianas. Llegó a la Argentina a fines de la década de 1850 contratado por mediación del célebre naturalista Paolo Mantegazza (junto con otros sabios como Emilio Rosetti, Pellegrino Strobel y Bernardino Speluzzi) para modernizar la enseñanza científica. Entre 1860 y 1864 dictó la cátedra de Física Experimental en la Universidad de Buenos Aires.
En diciembre de 1862, el presidente Bartolomé Mitre lo nombró Ingeniero de Puentes y Caminos, encomendándole la mejora de la red vial del país.
En 1869, el presidente Domingo Faustino Sarmiento lo designó para organizar y dirigir la flamante Oficina de Ingenieros, que posteriormente bajo su liderazgo se convertiría en el Departamento Nacional de Obras Públicas. Desde este rol, Moneta planificó y supervisó las primeras grandes obras de infraestructura del país: caminos, puertos, puentes, diques y represas. Como Director Jefe del Departamento Topográfico de la República Argentina, Moneta intervino directamente en la primera triangulación del territorio nacional y en la confección de la cartografía oficial del país. Además, diseñó y trazó ramales ferroviarios hacia las fronteras más distantes de la nación, como el Chaco, el centro y la región andina. Bajo su dirección se formaron otros grandes ingenieros, como Giovanni Pelleschi (quien luego exploraría científicamente el río Bermejo en 1877).
En Buenos Aires, Moneta no solo destacó en las ciencias exactas. De firmes ideas republicanas y anticlericales, fue uno de los fundadores del periódico La Nación Italiana (La Nazione Italiana, 1868-1871), que servía de órgano de expresión para el sector progresista y mazziniano de la numerosa colectividad italiana local.
Por toda esta trayectoria, la historiografía de la ingeniería civil lo recuerda unánimemente como el «decano de los ingenieros italianos en la Argentina».
Su mayor legado a la historia de la educación técnica fue su rol en la creación del Politecnico di Torino (una de las universidades de ingeniería más prestigiosas de Europa).
En 1859, bajo la histórica Ley Casati de instrucción pública, se decretó la creación de la Regia Scuola di Applicazione per gli Ingegneri (Real Escuela de Aplicación para Ingenieros) en Turín.
Prospero Richelmy fue designado su primer Director (Rector) en 1860, cargo que ejerció con enorme prestigio durante dos décadas consecutivas, hasta 1880. Esta institución, bajo el mando de Richelmy, se fusionaría más tarde (1906) con el Museo Industrial para dar nacimiento al actual Politécnico de Turín.
Se graduó como ingeniero hidráulico en la Universidad de Turín en 1833.
Desde 1850 fue Profesor de Hidráulica en la universidad y, a partir de 1860, dictó las cátedras de Mecánica Aplicada e Hidráulica Práctica en el nuevo instituto que él mismo dirigía.
Sus destacadas investigaciones en campos como el flujo de fluidos, la hidrografía, la fuerza media del río Po y la mecánica de engranajes y dinamómetros le valieron ser incorporado como miembro residente nacional de la prestigiosa Regia Accademia delle Scienze di Torino el 20 de junio de 1852.
Como rector de la Escuela de Aplicación de Turín, Richelmy formó a la élite científica del norte de Italia. Entre ellos estuvo el joven matemático y dibujante Emilio Rossetti, de quien Richelmy habla orgullosamente en tu carta como su «mejor discípulo» (allievo).
Pertenecía a una antigua y noble familia de la región del Delfinado. Se casó con Lydia Realis y tuvo seis hijos. Su segundo hijo varón, Agostino Richelmy (1850-1923), tuvo una vida notable: de joven fue voluntario en las milicias de Giuseppe Garibaldi (combatiendo con la mítica camisa roja en 1866) y posteriormente ingresó al clero, llegando a ser Cardenal y Arzobispo metropolitano de Turín.