Arias le envía a Gutiérrez su contestación a una circular del gobernador de Tucumán, y le pide enseñársela, a su nombre, a su amigo Dr. D. Salustiano Zavalía.
Salta
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Alvarado menciona que, tras cincuenta días de haber llegado a la provincia, pasó cuarenta y dos postrado en cama. Su padecimiento combinaba una fiebre endémica intermitente con su habitual inflamación al hígado, lo que lo obligó a someterse a dolorosos tratamientos.
Destaca el patriotismo del Sr. Wilde (José Antonio Wilde) por su servicio en el ejército, y lo recomienda a Gutiérrez. Solicita a Gutiérrez que interceda ante el Sr. Carril (entonces Vicepresidente de la Confederación) para que reciba a Wilde y le facilite los contactos necesarios para cumplir su misión. Se disculpa por no ocuparse de otros asuntos que convendría al Gobierno conocer.
Alvarado comenta que el descanso que le dan sus males es mínimo, manifestando una resignación absoluta ante la muerte. Afirma haber elegido a Salta como su sepulcro desde el año 1848.
Presenta a su viejo amigo, el Sr. Ramón Alvarado. Destaca no solo los antecedentes políticos de Ramón, sino también sus cualidades personales.
Alvarado escribe que un resfrío lo mantuvo postrado en cama entre el 3 y el 10 de mayo, lo que retrasó el nombramiento de un nuevo Secretario. Menciona que el retraso no fue solo administrativo, sino también político. Responsabiliza a Campo por una situación ocurrida en Tucumán, afirmando que provocó el conflicto como un medio para "conjurar la anarquía". Teme que lo ocurrido se reproduzca a una escala mayor si el Gobierno Nacional no interviene con su poderosa mano. Menciona a Rojo, de quien espera que no falte a los "principios aceptados" y que sostenga la autoridad por patriotismo y honor.
Alvarado informa a Gutiérrez que se encuentra sin fuerzas para escribir, explicando que la carta no fue escrita por él. Menciona que no había podido hacer mucho por el Dr. Pablo Mantegazza, a quien Gutiérrez había recomendado a Alvarado, por las pocas ocupaciones en que Mantegazza empleó a Alvarado. Expresa que lo indicado por Gutiérrez de viajar hacia el Litoral (Paraná/Santa Fe) era su "ensueño consolador" frente a la penosa existencia que soportaba, y que la renuncia al viaje "sería morir desesperado".
Arias se expresa afligido debido a la rebelión y traición estalladas en Buenos Aires tras la Revolución del 11 de septiembre de 1852. Dice que se encuentra especialmente apenado por la posibilidad de que contribuya al descrédito del país en el exterior. Afirma que en su provincia (Salta) se estima el Acuerdo de San Nicolás como una ley nacional y que todas las provincias de la Confederación deberían someterse del mismo modo a él. Le asegura a Gutiérrez que la provincia de Salta se conservará en perfecta tranquilidad, y espera que le transmita futuras noticias. Le adjunta impreso el aviso que Arias le dio a la Honorable Representación sobre los hechos en Buenos Aires.
Arias le reclama a Gutiérrez no haber recibido respuesta de sus cartas, solicitando una comunicación más frecuente. Lo felicita por la superación de los "obstáculos que unos cuantos demagogos oponían a la organización nacional". Expresa su deseo por la vuelta a la paz entre Buenos Aires y el resto de la Confederación. Le pide a Gutiérrez que haga una visita al señor Gorostiaga en su nombre.
Arias le adjunta a Gutiérrez una copia de sus contestaciones al Dr. D. Fernando Arias. Menciona la destitución de la autoridad legítima en Tucumán, alertando que si los revolucionarios en esa provincia se afianzan, el orden de las provincias limítrofes podría, a su vez, trastornarse. Cree alarmante la desobediencia a la autoridad nacional, expresando que si se tolerara, se impondría la anarquía. Pide que las autoridades nacionales pongan fin a estos males.
Afirma que las provincias de Jujuy, Salta y Santiago cooperarían para la restitución del orden y de la autoridad en Tucumán, y que las provincias estaban "en armas" para seguir las órdenes que le transmita el Director, salvo en el caso de verse obligadas a actuar instantáneamente. Le pide a Gutiérrez que le enseñe esta carta al Dr. Zavalía.
Arias teme que haya ocurrido algún extravío de las comunicaciones de Gutiérrez hacia él. Desea con ansias conocer el desenlace de la cuestión de Buenos Aires y confía en que este será favorable a la causa de la organización nacional. Afirma que los tratados firmados el 7 de marzo en Buenos Aires causaron sorpresa en su provincia (Salta). Califica a la Revolución de septiembre como funesta, afirmando que había alentado a algunos a atentar contra el orden de las provincias del interior. Menciona a (Juan Manuel) Saravia, que, según le dicen, permanece oculto en la ciudad de Tucumán. Espera que las autoridades nacionales presten más atención a las provincias del norte, cuya tranquilidad quedaría asegurada con la medida de "retirar de ellas a unos cuantos turbulentos". Opina que la resolución del Director respecto a Tucumán ha sido mal interpretada por los "díscolos", lo que podría alterar el orden.
Arias acepta y retribuye las felicitaciones de Gutiérrez por la instalación del Poder Ejecutivo constitucional. También considera el nombramiento de Vicepresidente y la organización del Ministerio nacional como garantías del orden y la prosperidad de la República. En relación a la invasión de Saravia, Arias afirma no haber respondido a las provocaciones de guerra en su provincia buscando ser fiel a su convicción de mantener la paz, sin la cual no se hubiese logrado la organización nacional. Comenta que permanecerá en el gobierno de Salta hasta el 9 de mayo, día en que terminaría su período legal, abandonando el mando.